El pasado martes, en la sede de la Diputación de Málaga, los concejales de Turismo y Movilidad de Málaga capital y Marbella rubricaron un documento que, en apariencia, no tiene nada de espectacular: doce páginas de medidas técnicas, calendario de reuniones y un mapa de aparcamientos disuasorios. En la práctica, sin embargo, supone algo poco habitual en el corredor turístico más denso de Andalucía: que dos ayuntamientos con intereses electorales distintos se sienten a repartir visitantes en lugar de pelear por captarlos todos.
«No se trata de que vengan menos —aclara Elena Morales, concejala de Turismo de Málaga—, sino de que no lleguen todos el mismo sábado de julio por la mañana en coche particular». La fórmula resume el espíritu del acuerdo: gestionar la demanda, no prohibirla.
Tres ejes del protocolo
El plan se articula en torno a tres bloques. El primero es la coordinación de aparcamiento: Marbella habilitará 1.200 plazas adicionales en el polígono de San Pedro Alcántara como parking disuasorio, con lanzaderas cada quince minutos hacia el centro y la playa. Málaga, por su parte, reforzará el parking del Palacio de Ferias y abrirá en horario ampliado el de la Ciudad Jardín, con conexión directa al metro hacia el centro histórico y la Malagueta.
El segundo bloque afecta a las playas urbanas. Ambos municipios acordaron publicar cada viernes, en webs y redes conjuntas, un «semáforo de ocupación» basado en datos de sensores y conteo manual en cinco puntos de referencia. No es un sistema perfecto —los sensores no distinguen entre bañista y paseante—, pero los técnicos confían en que sirva para redirigir familias hacia calas menos concurridas del entorno de Rincón de la Victoria o hacia el litoral de Marbella Este cuando la Malagueta aparezca en rojo.
El tercer eje es el transporte público. La EMT de Málaga y las líneas interurbanas que conectan con Marbella ampliarán frecuencias los fines de semana de julio y agosto, con un bono conjunto de diez viajes a precio reducido que se venderá en estaciones clave. La Junta de Andalucía participa como observadora y ha facilitado la coordinación con Cercanías para reforzar los trenes de la línea Fuengirola en horas punta.
«Llevábamos años diciendo que había que hacer algo. Este verano, por fin, hay un calendario compartido y alguien que vigila que se cumpla», explica un hostelero de la Avenida de la Playa de Marbella.
Críticas y cautelas
No faltan voces escépticas. La asociación de vecinos del Huelin, en Málaga, reclama que el protocolo no menciona el alquiler vacacional ni la presión sobre el mercado de vivienda, un debate que en la capital malagueña está lejos de cerrarse. Desde Ecologistas en Acción apuntan que ampliar parkings disuasorios sin limitar el tráfico rodado por la A-7 es «paliar síntomas sin tocar la causa».
Los firmantes reconocen las limitaciones. «Es un primer paso —dice el concejal marbellí de Movilidad—. Si funciona, en 2027 podemos hablar de peajes dinámicos o de restricciones temporales en tramos concretos». Nada de eso está sobre la mesa todavía.
Qué vigilar este verano
Para el ciudadano que solo quiere saber si notará diferencia, hay tres fechas: el 15 de junio, cuando entran en vigor las lanzaderas de San Pedro; el 1 de julio, arranque del semáforo de playas; y el puente del 15 de agosto, considerado la prueba de fuego del acuerdo. Sol Informa seguirá el protocolo y publicará actualizaciones si los datos de movilidad confirman —o desmienten— las expectativas.
Mientras tanto, el contexto territorial sigue siendo el mismo: una costa que vive del turismo y que, cada año, se pregunta si puede sostenerlo sin ahogarse. Este acuerdo no responde a esa pregunta grande, pero al menos intenta que el tráfico del próximo julio no sea idéntico al del anterior. En la Costa del Sol, eso ya es noticia.