Medio ambiente

Las dunas de Estepona: un año después de la restauración ambiental

12 de mayo de 2026 · Antonio Reyes · Estepona

La primavera pasada, Estepona cerró tramos de su frente dunar para replantar barrón y delimitar accesos. Hoy volvemos a medir alturas, contar especies y escuchar a quien camina la playa cada mañana.

Ilustración del sistema dunar de Estepona

El viento de levante sopla con fuerza cuando llegamos al tramo comprendido entre el puerto deportivo y Playa del Cristo. Es el mismo escenario que hace doce meses aparecía en los informes técnicos con fotografías de acantilados de arena expuestos y raíces al aire: dunas que habían perdido más de un metro de altura en una década por el pisoteo, el retiro de vegetación y las temporales que cada invierno arrastran material hacia el mar.

La restauración, financiada con fondos municipales y una aportación de la consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, incluyó tres actuaciones: cerrar accesos con vallas de madera y pasarelas elevadas, replantar más de cuatro mil ejemplares de barrón (Ammophila arenaria) y retirar especies invasoras que competían con la flora autóctona. Un año después, el Ayuntamiento habla de «éxito relativo». Los ecologistas prefieren la palabra «avance». Los paseantes, según a quién preguntes, echan de menos poder acortar camino por la arena.

Lo que dicen los números

El técnico municipal Francisco Lara nos enseña un informe de seguimiento trimestral. Según sus mediciones, la altura media de la duna en los puntos de control ha recuperado entre treinta y cuarenta centímetros respecto al mínimo de 2024. La tasa de supervivencia del barrón replantado ronda el 72 %, cifra que en restauraciones costeras se considera aceptable si el segundo invierno no arrasa los brotes jóvenes.

«El barrón necesita dos temporadas para echar raíces profundas —explica Lara—. Si sobrevive este verano con la afluencia de bañistas y el próximo invierno sin una marejada excepcional, podemos hablar de consolidación». El municipio mantiene un equipo de dos personas que recorre el tramo cada semana para retirar basura, comprobar vallas y registrar incidencias.

Voces en la orilla

María Jesús Campos, de 67 años, vive en un bloque a cien metros de la playa y camina por el paseo marítimo cada día. «Antes la gente subía por donde quería y la duna parecía un colador. Ahora hay caminos marcados y se nota más verde». No está convencida de que las vallas sean bonitas, pero reconoce que «al menos la arena ya no se va tan rápido cuando hay temporal».

«Restaurar no es embellezar —señala Pilar Ruiz, de la asociación local Costa del Sol Viva—. Es devolver función ecológica: retener arena, proteger detrás de la línea de costa y dar refugio a aves. Estepona va por buen camino, pero no puede bajar la guardia».

Desde el sector hostelero, las opiniones son mixtas. Algunos establecimientos cercanos echan en falta señalización turística que explique el proyecto a visitantes extranjeros, que a menudo ignoran por qué no pueden cruzar la duna por cualquier sitio. El ayuntamiento anuncia para junio unas placas interpretativas en español e inglés.

Amenazas que persisten

La restauración no elimina las presiones estructurales. El urbanismo histórico de la primera línea de playa, la subida del nivel del mar y los episodios de lluvia intensa siguen ahí. Un informe de la Universidad de Málaga citado en el pleno municipal advierte de que, sin una política coherente de retirada de edificaciones en zonas de riesgo —algo políticamente explosivo—, las dunas solo pueden «ganar tiempo», no resolver el problema de fondo.

Tampoco ayuda que el tramo restaurado sea un fragmento de un litoral mucho más largo. Hacia el este, en zonas limítrofes con Manilva, persisten accesos sin vallar y dunas con vegetación degradada. La continuidad del cinturón dunar depende de actuaciones coordinadas que aún no tienen calendario.

Lecciones para otras playas

Estepona no es el único municipio andaluz que ha apostado por restaurar frentes dunares. Lo que distingue este caso es la combinación de cierre temporal, replantación intensiva y seguimiento público de resultados. Otros ayuntamientos de la Costa del Sol observan el experimento con interés: si el barrón aguanta el verano de 2026, es probable que aparezcan solicitudes similares de financiación regional.

Para quien visite la playa este verano, la recomendación práctica es sencilla: usar los pasos señalizados, no tumbarse sobre la vegetación y reportar a la policía local si ve retirada de vallas. Pequeños gestos que, acumulados, deciden si dentro de otro año seguimos hablando de avances o de retrocesos. Las dunas, como todo en la costa, dependen tanto de la ingeniería como de la paciencia colectiva.